Este test fue confeccionado por la psicóloga Adriana Guraieb, de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), especializada en estos fenómenos. Tanto para ella y para otros colegas, es muy difuso el límite que separa una adicción de un uso intenso del Facebook o el Twitter. Cuando los vínculos reales son totalmente sustituidos por los virtuales, la cuestión ya es peligrosa. Cuando comienzan a presentarse síntomas parecidos a un síndrome de abstinencia por estar desenchufados durante varios días -irritabilidad, desasosiego o malestares físicos-, también. Si por bucear en un universo de tuits y posteos se deja de comer, trabajar, dormir o relacionarse, ni que hablar.
La doctora Teresa Pereira, de la Sociedad de Psiquiatría del Uruguay (SPU) lo resume así: "Se convierte en adicción cuando conectarse a las redes deja de ser una opción para convertirse en una necesidad".
creciente. En Uruguay, el psicólogo Roberto Balaguer, especializado en la red, nota un "creciente involucramiento" de los internautas en las redes sociales. Pero, como la mayoría de los profesionales locales, es reticente a usar la palabra "adicción". A su colega Gladys Franco, de la Asociación Psicoanalítica Uruguaya (APU), directamente, le molesta que se banalice esa palabra. "No es lo mismo una persona conectada muchas horas que un adicto". Para muchos expertos, se trata de un símbolo de nuestros tiempos más allá de la preocupación de padres de niños y adolescentes. Esta es considerada la población más vulnerable, sobre todo en aquellos con escasa sociabilidad, timidez, tendencia a la depresión o baja autoestima. Ninguno de los especialistas nacionales dijo haber tenido un cuadro extremo en sus consultas; sí, a lo sumo, han conocido usos que podrían considerarse excesivos de estas tecnologías.
Pero todo llega. En China, en 2006, ya se habían abierto centros de desintoxicación para adictos a Internet; en 2009 se inauguró otro en Estados Unidos. Además, el auge de las redes sociales ayudó a que esto pasara y dejara de ser un fenómeno netamente adolescente. En marzo de 2010, el informe mundial Gadgetology Report, del portal especializado en nuevas tecnologías Retrevo, señaló que el 11% de los usuarios menores de 25 años interrumpiría sus relaciones sexuales por responder un mensaje de Facebook o Twitter. Y entre los mayores a esa edad, ese mismo porcentaje (uno cada diez) no podría vivir sin revisar sus cuentas durante un período mayor a un par de horas.
Tan cerca como en Buenos Aires, en el Centro de Salud Mental Ameghino, se inauguró recientemente el grupo de ayuda psicológica "las viudas de Internet". Guraieb dice que este está formado por mujeres desesperadas porque sus parejas vivían pegados a la pantalla de la PC, en un universo limitado a actualizar estados, chatear, coleccionar aplicaciones, descargas, hashtags y trending topics, sin siquiera darles un vistazo a la persona que tenían al lado. "Ya hubo divorcios por esta causa", asegura.
Guraieb ha atendido casos graves en Argentina. Sabe de jóvenes que por interactuar correctamente con sus 3.500 amigos del Facebook -"de los que, por supuesto, no conocerá a casi nadie"- ha visto caer en picada su carrera universitaria. ¿Tratamiento? La experta argentina dice que en casos muy graves se podría combinar un tratamiento psiquiátrico con medicación e internación. Por su lado, Gladys Franco prefiere hablar de abordajes psicoanalíticos o terapias conductuales similares a las de grupos de autoayuda habituales para cualquier adicción. Claro, en Uruguay aún no existe algo así como "Internatuas anónimos". Al menos todavía.
"Seguramente en algún momento tendremos algo de eso (lugares de rehabilitación para ciberadictos) acá", se ríe con cierta amargura el psicólogo Balaguer. En Uruguay, el 61% de los internautas utiliza las redes sociales, según el último estudio de este tipo del Grupo Radar, divulgado en mayo pasado y en base a datos de 2010; en 2009, "apenas" eran el 38%.
SOLEDAD. David Gómez, experto en marketing sobre redes sociales y editor de WebPC, un sitio de noticias sobre tecnología, es un fan total de estos portales. "Mi adicción es positiva", ríe. Gran diferencia con un adicto "clásico": no oculta su hábito. "Estoy conectado todo el día, cuando no estoy con la notebook, estoy con la tablet o el celular". Como mínimo, está online ocho horas al día. Según el estudio de Radar, un "alto usuario" es ese que navega en la red más de 10 horas por semana; esto en Uruguay representa unas 340 mil personas.
Para este experto, la clave está en el porqué de este fenómeno. "La gente necesita sentirse más acompañada, llamar la atención, recibir unas palmaditas en la espalda y tener sus 15 minutos de fama. Y estas cuentas son tu mundillo privado, tu propia página web, un lugar donde si necesitas consuelo vas a tener 40 que te apoyen (a puro `Me gusta`). Hay un concepto no menor que es la soledad. Y hoy estás solo si no estás en las redes sociales", asegura. Para él, Facebook es la más adictiva "por ser la más masiva". Twitter significa "estar en la conversación", además de informarse más rápido que nadie y sentirse "más cerca de los famosos".
De todas maneras, Gómez reconoce lo mismo que los psicólogos. Sustituir todo vínculo real por los virtuales no es sano. Pero tampoco es cuestión de demonizar una herramienta muy útil para el relacionamiento social o la difusión de ideas e información. Twitter, incluso, fue fundamental para provocar revueltas sociales y tumbar regímenes dictatoriales en la reciente "primavera árabe". Como en toda adicción, lo más peligroso no es la sustancia sino el uso que se le da.
A UN TUIT. Hoy y en Uruguay, coinciden los expertos, se está viviendo un boom de Twitter, red social con una gran orientación informativa, comunicacional o temática. Los periodistas ofrecen sus primicias, los políticos sus propuestas, los artistas los pasos que dan, las empresas sus productos, salpicados entre miles y miles de comentarios absolutamente intrascendentes. Se calcula que en el mundo y por día se envían más de 250 millones de tuits. Y es la red más asociada a la telefonía celular.
"Yo no miro más informativos. Lo que pasa acá, en el exterior y con mis amigos, me entero por Twitter", dice Federico Lorenzo (@fedelosa), creador de blogs y uno de los "tuiteros" más viejos de Uruguay: abrió su cuenta en 2007. El celular está siempre con él, listo para subir fotos o comentarios. Tiene días de hasta cien tuits. "Ya no separo lo que es la vida online de la offline. ¿Si puedo estar una semana sin conexión? Nunca probé pero creo que no; como forma parte de mi vida ni me lo planteo". Su mujer, ríe, es del "otro cuadro": de Facebook.
"Esta red es la que a mí me parece más riesgosa", señala la psicoanalista Franco. "Me parece un modo inadecuado de contacto con los demás. Es la imposición de la palabra propia con un carácter de verdad sagrada. No creo que los griegos hicieran eso en las plazas públicas", agrega. La psicoanalista parece apuntar aquí a los políticos. En este caso, Twitter es una herramienta eficaz para que un seguidor de un determinado dirigente conozca las ideas y pasos a seguir por su líder. Pero por esta vía se han visto discusiones y hasta informaciones de dudoso interés público: el año pasado, el mundo cibernético se enteró de que el senador colorado Pedro Bordaberry tenía croquetas para cenar...
Quienes trabajan en la prensa son considerados una población de riesgo. Miles de fuentes al alcance de un click, miles de informaciones, la posibilidad de ver "en qué anda" la competencia, conocer cuál es "el tema" en la vuelta (los trending topics). "Si estoy en la máquina, no me desconecto nunca", dice un periodista de un canal de televisión, que pide anonimato. Cuando está en la casa, tampoco. Su celular está siempre con él, y esto significa llevarlo al baño (desde que se levanta, a las 6:00) y a la cama (se acuesta por la medianoche). No lo sufre, lo disfruta. Aún así, ya ha comenzado a sufrir reproches conyugales.
Desde su casa en Pocitos, María Celina McCall (o @mvdsister) trabaja como traductora vía Internet. Entre trabajo, revisa la prensa en español, inglés, portugués y francés. La tentación por retuitear le resulta irresistible; comenta y dispara noticias de todo el mundo para sus más de mil seguidores. Tampoco se priva de comentar la sensación térmica, luego de pasear a su perro, o lo buena que está una película que dan en la tele. "Hay gente que me ha dicho que se entera de todo lo que pasa en el mundo gracias a mí. Eso te genera... una obligación", dice esta mujer de 64 años, divorciada y con dos hijos. También reconoce, entre risas, que hay gente que le ha preguntado si come o duerme. Se asume "totalmente adicta. Y los números impactan: abrió su cuenta el 18 de abril de 2009 (recuerda la fecha como si fuera su cumpleaños) y ya está rondando los 51.000 tuits.
Las cifras
1,6 Millones de usuarios de la red en el país, según el último "Perfil del internauta uruguayo" del Grupo Radar.98% Porcentaje de usuarios de redes sociales que tienen Facebook. Esto representa a un millón de personas.
8% Porcentaje de usuarios de redes que tienen Twitter. Son unos 80 mil. Para 2012 habrá un aumento importante.
Cuando la convivencia se torna imposible
Estas conductas abusivas cruzan edades y condiciones sociales. Según los expertos consultados, la preocupación mayor está en los padres cuyos hijos pasan más tiempo online de lo que ellos consideran tolerable frente. En la mayoría de los casos no puede hablarse de adicción (no hay síndrome de abstinencia ni dejan de cumplir el resto de sus tareas), pero en muchos casos, sobre todo en aquellos chicos introvertidos o que le restan horas al sueño por el Facebook, los psicólogos sí deben trabajar para saber por qué las destrezas sociales "virtuales" y las "reales" son tan disímiles.Pero también hay casos extremos. En la casa de Carina M. (35), en el asentamiento conocido como barrio 21 de Enero, la locura por Internet no la tiene ninguno de sus cuatro hijos, de 9 a 15 años, sino su madre, Sonia M. (71); toda una prueba de que esto no es solo un fenómeno adolescente.
Según su hija, Sonia no admite que tiene un problema y niega las horas que pasa frente a la máquina (la negación es una característica típica de los adictos). Hace tres años descubrió los chats, se gastó su pensión en comprarse una PC, aprendió a realizar descargas y a usar redes sociales. Hay que recordarle que tiene que comer, bañarse e ir al médico. "La convivencia es imposible, contarlo me da vergüenza. Y de tanto estar sentada frente a la computadora, vos la ves y la espalda tiene la forma de una silla".
Carina ha pedido ayuda. No ha tenido respuesta. Dicen que no saben qué decirle. Ella no sabe qué decirle a sus hijos. "Consulté a varios psicólogos y psiquiatras, nadie sabe dónde ni cómo se trata este tipo de adicción. Y yo, ¿cómo le digo a mis hijos que está mal que estén todo el rato frente a la computadora cuando su abuela, un referente, se pasa 20 horas al día?"
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